Bueno, pues estaba yo tan tranquila, aunque un poco apretada ya (no podía ni darme la vuelta) y empieza de repente a oler a quemado. Me despierto y escucho voces extrañas y toqueteos. Me concentro y escucho la voz de mi mamá muy bajito diciendo: 345, ....344...., 343...., 342,.....y no recuerdo cuantos números más. ¿se había vuelto loca y había entrado en bucle?
Según oí después, es que cuando estaba estudiando psicología aprendió que una técnica de relajación y parada del pensamiento era contar para atrás con números de tres cifras y restando tres. Así que mamá decidió que para no pensar en la césárea lo mejor era utilizarla, pero como tenía tanto miedo y estaba tan nerviosa, contaba de uno en uno, que ya le costaba bastante trabajo no perder la cuenta mientras la rajaban.
El caso es que yo estaba durmiendo calentita en mi placenta y van y me la rajan, y me cogen en brazos, ¡¡que frío!!, valiente estúpida era la enfermera, que me metió debajo de un grifo y me mojó toda ¡¡que se lo hagan a ella!!. Después de lavarme me envolvieron en un trapo verde más basto que un yogur de chorizo y me enseñaron a mamá: que mala impresión, vaya mala cara ¿esa era mi mamá?, pero si la están cosiendo, daros prisa que ya está moviendo los piés. Que no se me muera que tiene que tiene que cuidarme.
Pues resulta que me separan de mamá, me meten en una cuna de plástico transparente y me dejan solita arañandome la cara de rabia y en pañales, en una habitación donde hay otros bebés llorando que no me dejan dormir.
Nací el 13 de abril de 2006, hace dos meses, a las 01:30 y no me llevaron a la habitación con mis padres hasta las 12:00 de la mañana. Mi madre tenía peor cara todavía que en el quirófano, mi papá estaba muy contento y mis abuelos y abuelas estaban babeando.